Andreu Martín

Blog del escritor Andreu Martín

MI VIAJE A ARGENTINA (notas) III

Departiendo amablemente con Bevi(lacqua) – Doctor Bambú, que me regaló LA CRENCHA ENGRASADA de Carlos de la Púa. ¿Que qué es la Crencha Engrasada?

Una colección de poemas como éste:

EL CHOCLO

Se fue con tu tango la milonga pura.

La de hoy, con salones de piso lustrao,

y al tango lo ensucia cualquier caradura

con cueyo, corbata y traje ajustao.

Las minas aqueyas de las asentadas

ya sólo relucen para el carnaval;

la faca en la liga son cosas pasadas

y al gil lo pasado le parece mal.

Ya no se le tasan a las milongueras

por las condiciones solas de bailar:

hoy las preferidas son las ventajeras

y las más franchutas para chamuyar.

Y aqueyas corridas y aqueyas quebradas

no pueden hacerse ya sin tropezar…

Giles a cuadritos, turras a patadas

yenan las sagradas canchas del gotán.

Y sólo bajito, cuando cae la noche,

en el organito mugre de arrabal,

o en alguna celda, se escucha el reproche

del tango que nunca lo ensució Pigal.

¡Grande!

MI VIAJE A ARGENTINA (notas) II

Descubro en el quiosco que había frente a mi hotel, la revista de humor BARCELONA. Me llama la atención por su nombre, claro está, y la compro. Me comentan que debe el título a la época en que se veía Barcelona como la meca salvadora.

Destaco unos cuantos titulares:

“Ante el avance en Europa del Conservadurismo Extremo Salvaje, ahora los indignados salen a la calle para pedir una Ultraderecha Moderada.”

“… Los ajustes salvajes que impulsa su presidente, Mariano Rajoy, con la intención de alcanzar el nunca muy deseado Estado del Malestar…”

MI VIAJE A ARGENTINA (notas)

Estoy en casa de Victoria Ocampo, Mar del Plata, con motivo del Festival Azabache de Novela Negra, y abro su autobiografía al azar y leo:
“Mr. Sherlock Holmes
221 B Baker Street
London
“Ésta era la dirección de la primera carta a un desconocido que eché al correo en mi vida. Mi padre, que me había prestado un libro de Poe para que leyera sólo dos cuentos (El escarabajo de oro y El crimen de la calle Morgue) me trajo, seguro de que me entusiasmaría, Las aventuras de Sherlock Holmes. Era hacia final del verano, en San isidro. Llevaba todavía trenzas y la casa olía a flores de caña.
“(…)
“… Había leído Le capitaine Hatteras, que tenía un cierto parecido con Sherlock Holmes. Moralmente y físicamente: era delgado y no se enamoraba de las mujeres. Uno estaba enamorado del polo norte y el otro de su sistema de deducción para detectar crímenes. Yo estaba enamorado de ambos y su indiferencia total hacia mi propio sexo me era indiferente. En ellos veía otra cosa. Reverenciaba su austeridad, su no tener otros amores que la brújula y el violín (la jeringa de inyecciones de Holmes me inquietaba, por su salud).” (VICTORIA OCAMPO, Autobiografía 1.)

Andreu Martín se pasa al ebook y visita al Festival Azabache

El escritor catalán llega a Mar del Plata con el legado del policial español más duro, al tiempo que emprende una cruzada para digitalizar su obra.

El jefe del policial negro español –aquel policial de la época de oro en los años ochenta- no conoce la Argentina sino a través de una ex esposa jujeña y de aquella suegra “de agradable recuerdo”, y también gracias a un tío bandoneonista que llenó su infancia de tangos. “De manera que para mí es un hito este viaje”, cuenta por mail, todavía desde Barcelona.

Pero el día ha llegado y hoy Andreu Martín –el autor de PrótesisLa camisa del revésA navajazosPor amor al arteBarcelona Connection y otras varias decenas de novelas- está aquí. En suelo argentino, en suelo marplatense. Listo para participar del Festival Azabache, que abre la temporada negropol de Sudamérica. Aquí Andreu Martín llegó como una de las estrellas del Festival y viene a saldar su deuda con sus lectores locales, aquellos que en las décadas de fin de siglo sólo sabían (¡sabíamos!) de él a través de sus libros, como si ese nombre raro fuera un mito más que la seña de un hombre de carne y hueso.

“A mí no me gusta viajar: me gusta haber viajado”, confiesa. “Eso significa que siempre me da pereza levantar el culo del asiento, y rezongo mucho, pero cuando voy a los sitios siempre me siento estimulado, mucho más maníaco que depresivo. Y regreso más rico de como me fui, sin duda”.

Si para Martín el viaje a la Argentina es un hito, también hay que decir que viene de tomar una decisión que es otro hito –y qué hito: pasarse al ebook a los 62 años, dar batalla en la Web, ganarle al futuro, digitalizar una obra de la cual el 90% está fuera de catálogo. En ese sentido, su nueva novela, La vida es dura (que no está protagonizada por un detective sino por un indignado), sólo conoce la edición digital. Y Niños que muerden a perros, una antología de relatos insólitos y cuentos cortos, también. Martín emprende la aventura echando diez de sus títulos, ahora con licencia Creative Commons 3.0. “No sé si me costó tomar esa decisión de hacerlo… Uno decide, encuentra la gente oportuna en el momento oportuno y se lanza, y a tiro pasado parece que fue la mar de fácil. Ahí vas”, comenta. “Hablé con Cristina Fallarás, con Raúl Argemí y con Lorenzo Silva, que son pioneros en esta aventura y ellos me animaron. Y no sé si es la única salida posible, pero sí sé que es el futuro. Para bien o para mal”.

Sin embargo, el catalán advierte que no tiene la totalidad de los derechos digitales de su obra y que gran parte no está digitalizada porque fue escrita a máquina o con programas de computación ya obsoletos. “De momento, me dedicará a libros que me resulten más fáciles”, dice, y no le faltan para elegir: tiene, sin eufemismos, más de cien. Pero tampoco se ha comprado, todavía, un dispositivo para leer ebooks.

¿Qué pasó para que el 90% de su obra esté descatalogada?
Tiene que ver con la dinámica de las editoriales, con la prisa por publicar novedades, por esa estrategia absurda de los departamentos comerciales de que hablo en mi video. Y también con la gran cantidad de obras que tengo, claro está.

¿Cuáles de sus novelas cree que merecen hoy una segunda vida?
Más bien haría una lista de las novelas que preferiría que no se publicaran. Serían pocas, pero las hay. Pero no las mencionaré porque nunca se sabe. Una vez, le dije a mi agente literaria que retirara de la venta una de mis novelas y al día siguiente tenía una oferta por ella. Un editor entusiasmado. ¿Qué hacemos?  Pues qué quieres: se reeditó.

¿Cuál es el futuro de las editoriales? 
Sólo sé seguro que tendrán que variar sus estrategias. El mundo está cambiando en todos los aspectos y tiene que empezar a prescindir de esa filosofía neoliberal basada en el saqueo y el dinero fácil y replantearse las cosas. Creo que las grandes empresas organizadas tienen mucho que decir en este campo, pero tienen que encontrar el camino y únicamente lo encontrarán variando sus puntos de vista. No se trata de una disyunción exclusiva “o” papel “o” digital. Los tiempos están cambiando, los dos formatos pueden convivir. Yo lo que quiero es que mis obras perduren, y para eso, la estrategia editorial tiene que cambiar.

Llega a un festival de novela negra y criminal. ¿Qué tendencias encuentra en la literatura policial actual?
Creo que ya se está produciendo una perfecta fusión entre subgéneros, que toda buena novela policíaca actual debe tener su parte de enigma, su dosis de negra y sus elementos de psicológica. Ya no concibo una buena novela con sólo una bruzna de todo lo bueno  que podemos dar.

Aquí, las participaciones de Andreu Martín en el Festival Azabache y más sobre el gran encuentro de literatura negropol de Mar del Plata.

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Lorenzo Silva y Andreu Martín digitales

Artículo de entrevista publicada a Sigueleyendo

Lorenzo Silva y Andreu Martín.

RAÚL ARGEMÍ

Lorenzo Silva y Andreu Martín son dos autores de éxito, con muchos títulos y muchos seguidores. Hasta hace un par de años tal vez ni pensaban en editar digitalmente sus libros, pero el mundo cambia a una velocidad vertiginosa y los dos han dado el salto. Silva lo hizo hace un año y Andreu Martín lo está haciendo ahora. Para charlar con ellos, uno ya veterano en lo digital y el otro novato con ganas, los reunimos en Sigueleyendo.

Por ser algo así como metódico, le pido a Silva que cuente cómo llegó a este territorio digital, cuáles fueron sus razones, y los primeros pasos.

Lorenzo Silva: Por un lado veía crecer ese mundo sin fronteras, esa ventana internacional que cada día se expande más, y me decía: ¿por qué no estar allí? Además, rastreaba en Google mis novelas, y las encontraba pirateadas para descarga. O sea que ya estaba digitalizado pero sin control sobre mi obra; a la que podían censurar, cambiar, lo que quisieran… Un día, uno de los que me habían leído pirateado, me escribió un mail, sugiriéndome que yo las editara a un precio razonable; a 3 o 4 euros. ¿Qué hago? Me dije. Tenía que tomar la iniciativa, porque no se puede esperar todo de los editores. Por suerte, con Planeta, que había publicado gran parte de mis libros, pude dialogar. Encontré gente que sabía de qué estaba hablando, y que aceptaron las condiciones que yo quería: un precio que no pasara de 5 euros y que los libros no tuvieran DRM. Esa clase de protección sólo sirve para que el comprador tenga mil problemas, y cualquier hacker se la salta con una sonrisa.

Silva: Encontré gente que sabía de qué estaba hablando,

y que aceptaron las condiciones que yo quería:

un precio que no pasara de 5 euros

y que los libros no tuvieran DRM.

Mientras Lorenzo habla, anoto y de tanto en tanto observo a Andreu Martín. Tiene la misma cara que pongo yo cuando quiero entender qué me está contando un menorquín, en su catalán isleño: con los ojos muy abiertos como si así pudiera entender mejor.

Pregunto: Dos preguntas: ¿Cuántos libros has puesto en circulación? Y ¿te eran necesarios los editores o podrías haberlo hecho por tu cuenta?

Silva: ¿Cuántos? Creo que son veintiuno. Y en cuanto a lo otro… (Sonríe) Uno puede hacerse una autoedición, pero los editores siempre lo hacen mejor. Nada te impide autoeditarte y poner tu libro en Amazon. Sólo que Amazon no te promociona, es muy grande y tu libro estará allí, perdido entre miles. Con un editor el libro se mueve de otra manera; y garantiza otra calidad. Hay autoediciones que te duelen cuando las lees.

Pregunto: ¿Ha cambiado tu grupo de lectores?

Silva: Mucho. Antes, era imposible convencer a un editor de que enviara tus libros a Latinoamérica. Que perdían dinero, que los impuestos aduaneros, que el transporte… Ahora mi territorio de publicación, digital, es todo el mundo del castellano, y donde tengo muchos seguidores es en México.

Pregunto: ¿Y con los piratas, qué?

Silva: Creo que hacen falta leyes que protejan esta industria, que está desprotegida. Bajamos los precios para que no sea necesario piratear, pero siempre habrá quien crea que puede quedarse con el trabajo de otro —que es eso, trabajo—, y regalarlo impunemente. Necesitamos leyes que entiendan cuál es el problema y penalicen a los ladrones.

Silva: Bajamos los precios para que no sea necesario

piratear, pero siempre habrá quien crea que puede quedarse

con el trabajo de otro, y regalarlo impunemente. 

Me vuelvo hacia Andreu Martín, que hasta ese momento no había dicho esta boca es mía, y…

Pregunto: Tu decisión es reciente, pero parece muy entusiasta. ¿Qué te disparó en esta dirección?

Andreu Martín: Ante todo debo confesar que de esto sé bien poco, y estoy aprendiendo ahora. Pero la explicación suele ser la misma para todo lo que hago: es visceral. Un día pensé que tengo muchas novelas muertas. Novelas que seguramente tendrían nuevos lectores, pero que están muertas porque los editores son remisos a publicarlas. Y eso (hace un gesto como de revolución volcánica interior) me puso a pensar. Luego, recordarás, charlamos contigo y con Cristina Fallarás, para que nos contarais de vuestra experiencia con Sigueleyendo, y me decidí a dar el paso. Ya os digo, mi decisión es visceral; ya estoy cansado de que algunos editores se comporten como vendedorcillos y entierren tus libros. A quienes no te cuidan… (Hace un gesto que interpreto como el que yo haría para decir “que se vayan a tomar por culo”)

Martín: Un día pensé que tengo muchas novelas muertas.

Novelas que seguramente tendrían nuevos lectores, pero que están muertas

porque los editores son remisos a publicarlas.

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Pregunto: Tu biblioteca, Andreu, es inmensa ¿Cuántos libros vas a publicar?

Martín: Por ahora lo que tengo en el ordenador, porque muchos (ríe) los escribí cuando no había ordenadores, por lo qué no tengo ni un Word, están impresos en libro y escanearlos y todo eso es un engorro que ahora no me puedo proponer. Ahora lo que quiero es dar nueva vida a novelas que no se han reeditado y saber que algún lector tendrán, con seguridad; y si se puede ganar un euro mucho mejor.

Pregunto: ¿La serie Flanagan, por ejemplo?

Martín: Con Flanagan tengo un problema con Anaya, que no ven que sea el momento de publicarla en digital. Si todavía se vende bien, dicen. Pero resulta que hay universidades extranjeras que, para sus cátedras de castellano, quieren a Flanagan porque su lenguaje es más sencillo y fácil de comprender. ¿Pues qué…? ¿Que les van a enviar 20 o 30 libros a Alemania o a Estados Unidos? Pues no, y en digital… tampoco. Bueno, sí, quedan las ediciones piratas. No terminan de entender que hoy, para un libro, su mundo no es solamente el hispano, sino todo el mundo. Así que estoy en la edición de la serie de Wendy.

(La noche en que Wendy aprendió a volar, novela que recibió el premio Bancaixa 2006, y su secuela Wendy ataca. Las dos protagonizadas por una joven Mosso d’Esquadra).

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Silva: Pero… los libros de Wendy todavía están vigentes en papel.

Martín: Están, pero si no piensan reeditarlos, estamos otra vez en lo mismo. Son cada día más difíciles de conseguir, y los piratas están allí, a la pesca del botín.

Pregunto: ¿Cuál puede ser la expectativa comercial? Por ejemplo, Lorenzo. ¿Ya sabes cuánto has vendido?

Silva: Por lo que sé hasta hoy, vamos muy bien; pero los números los tendremos pronto, cuando la editorial me diga cuántos y dónde. Lo que tengo es una aproximación, por los comentarios que recibo en mi blog.

Martín: Para mí es una incógnita. Ya veremos, porque recién comienzo, pero soy optimista.

Pregunto: ¿Y el precio? ¿Cuál tiene que ser el precio para un libro digital? Porque podemos coincidir en que el precio es también un arma para estimular la compra legal.

Martín: Yo todavía no lo he decidido, pero quiero que mis libros estén al alcance del lector.

Silva: Alguien me dijo algo muy inteligente. Dividir los precios de 0 a 5, de 5 a 10 y de 10 en adelante. De 10 en adelante, olvídalo, ya se sabe que casi no hay mercado. A ese precio el lector compra en papel. De 5 a 10 ya lo cosa comienza a ser interesante, porque está más cerca de lo que el lector está dispuesto a pagar. Y de 5 para abajo, es mejor cerca de 5 que de cero.

Digo: Lo que dices coincide con un libro que recomienda vinos buenos españoles, tomando el segmento que va hasta los 6 euros. ¿Por qué? Porque ante la oferta y puestos a elegir un vino bueno, pero que no sea caro, los españoles está dispuestos a pagar hasta seis euros o un poco menos.

Silva: Me parece una buena comparación la de los vinos. Si te lo regalan existe la duda sobre su calidad, y no sé si vale la pena, comercialmente, meterse en eso. Mis libros están rozando los 5 euros.

Silva: Me parece una buena comparación la de los vinos.

Si te lo regalan existe la duda sobre su calidad,

y no sé si vale la pena, comercialmente, meterse en eso.

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Pregunto: Parece que estamos atrapados en un dilema. Algo así como libertad o expropiación. Lorenzo es, además de escritor, abogado. ¿Qué se podría hacer en este espacio sin regulaciones?

Silva: Es algo que habría que estudiar en profundidad, técnica y legalmente. Porque, a veces me pregunto… ¿Google, que facilita el acceso a las páginas piratas, es inocente en lo que sucede, o tiene un grado de responsabilidad?

Pienso: Google, para entrar en China, aceptó bloquear todos los contenidos que molestaban al régimen. O sea que el problema no es técnico. ¿Cuál es?

Como reza un antiguo refrán, a los cojos, a los rengos, se los reconoce caminando, entonces les digo a Andreu y Lorenzo: como todo cambia a una velocidad de ciencia ficción, les propongo reunirnos otra vez, dentro de seis meses. Para ver dónde estaremos en ese momento, y cómo les ha ido con la digitalización.

Martín:  Pues sí, nos vemos en seis meses y sabremos que ha sido de nosotros.

Silva:  Muy bien, en ese plazo sucederán tantas cosas que habrá que tener una nueva mirada.

La observación final de Lorenzo Silva me parece que es el punto central de toda esta movida, lo que no se puede dejar de tener en cuenta: en el mundo digital todo cambia a una velocidad astronómica. Como todo en la historia de la tecnología. Hace un año eran legión los escritores que se negaban a digitalizar, porque veían peligrar sus ingresos. Hoy, aceptan que el cambio es irreversible y piensan, desconcertados, cómo encontrar acomodo en estas nuevas relaciones de producción que se alejan tanto de las premisas de la Revolución Industrial del siglo XIX.

Tal vez conviene recordar a los tejedores de Birmingham, que salieron a quemar telares automáticos porque condenaban a la desaparición a los hilanderos domésticos. El resultado de aquella guerra ya lo conocemos. Todos vestimos telas y ropas producto de los telares automatizados.

NIÑOS FEROCES

 Lorenzo Silva

  DESTINO

 

 

 Andreu Martín

Memorias amnésicas (1)

Me estaba planteando escribir mis memorias. Muchas veces me lo sugieren: “¿Por qué no escribes tus memorias?”. He estado pensando sobre ello y creo que no lo haré.
He comprobado que normalmente unas Memorias consisten en relatar la lista de personas famosas que uno ha conocido a lo largo de su vida. El día que saludé al rey, el día que cené con Manuel Vázquez Montalbán… Lo siento, pero no recuerdo casi nada y lo que recuerdo no es para ser contado.
Un ejemplo: en una recepción en el Palacio de la Zarzuela (¿era en la Zarzuela? Bueno, uno de esos palacios que tiene el rey por Madrid) coincidí con Antonio Gala. No es que lo admire mucho pero, vaya, uno se le acerca y lo saluda. Sobre todo, porque no hacía mucho que había estado hablando de él.
-Hola -le dije-, soy Andreu Martín. Escribo novela policíaca. -Me miraba con cara de oler mierda-. El otro día estuve hablando con un atracador que me dijo que te conocía.
Me pareció que le hacía ilusión saberlo pero en seguida se puso a balbucear e intuí que no era la mejor manera de iniciar una conversación con Antonio Gala. Me alejé precipitadamente fingiendo que alguien me llamaba desde el otro lado del salón.
Nunca más he vuelto a saber de él. ¿Puedo decir que conozco a Gala? Creo que no. ¿Mencionaría esto en unas memorias? No, no, decididamente, más vale que me refugie en la amnesia. (O en el Alpiste: mezcla de alzheimer y despiste.)

MI MR. HYDE

       El quinto timbrazo rompió en dos una palabra que empezaba por «imp», y al mismo tiempo, hizo añicos la frase, el concepto e incluso el argumento de lo que escribía. Levanté la vista, exasperado y, cuando la devolví a la pantalla del ordenador, «imp» ya no significaba nada y yo ya no sabía adónde iba ni de dónde venía ni mucho menos quién era. El timbre de la puerta sonó por sexta vez y expiró mi inspiración, fuera lo que fuera lo que yo estaba describiendo (un asesino impávido, un policía impotente, un crimen imposible, un juez impaciente, un botín importante, una violencia imprescindible, un delincuente impetuoso, una rubia impresionante -ésos son mis temas preferidos: el horror urbano, el miedo cotidiano).

Salí del despacho y recorrí la casa preguntándome, entre dientes, dónde coño se había metido la canguro que, además de cuidar de mi hija, se suponía que debía cumplir otras funciones como, por ejemplo, la de abrir la puerta si alguien llamaba. Pegué un portazo excesivo para demostrar mi furor a la niñera negligente y para dar a entender al visitante insistente que ya acudía, que lamentaba mucho haber tardado tanto pero que tenía poderosos motivos para ello. Al pasar frente al cuarto de baño, vi a mi hija de dos años sentada en la taza del wáter, con cara de penosos esfuerzos, y a una canguro que la sujetaba y se excusaba con la mirada.

Abrí la puerta y me sacudió, como una descarga eléctrica, un ataque de pánico.

No porque el tipo que estaba ante mí tuviera un aspecto inquietante, que lo tenía, sino por algún motivo más profundo que, de momento, fui incapaz de analizar. En aquel instante sólo pude comprender que aquel individuo me daba mucho miedo porque tenía mucho que ver conmigo mismo, porque se parecía mucho a mí, porque tal vez fuéramos incluso dela familia. Unnexo profundo y sólido me unía al sujeto de niqui blanco sucio, vaqueros gastados, zapatillas deportivas, tatuaje en el bíceps, barba de días, palidez carcelaria (o quién sabe si sidótica) y mirada inyectada en sangre alcohólica.

—Qué tal, tronco —afirmó, inexpresivo—. Hoy me han soltao. ¿Puo pasar?

La respuesta era «No», naturalmente. Pero me sentía tan crispado y amedrentado como si el individuo me estuviera amenazando con una navaja. Pensé «la nena», al mismo tiempo que la oía venir corriendo por el pasillo. Pensé «No, que no se acerque, que él no sepa que existe». Pero era demasiado tarde. Los ojos sanguinolentos sonrieron al verla. Y, peor aún, también mi hija sonrió al ver los ojos sanguinolentos. Ella, que apartaba la vista y escondía la cara ante cualquier desconocido, se iluminó con la sonrisa de los domingos, abrió los brazos y corrió al encuentro del aparecido con un chillido de placer. La tomó él en brazos antes de que yo pudiese hacer nada por impedirlo, la levantó en alto y la besó, y a mí me estremeció la repulsión que ella no sentía, pero ya no pude cerrarle el paso por más tiempo, claro está, ya tuve que hacerme a un lado y aceptar que las amistades de mi hija tenían que ser bienvenidas en mi casa.

—Qué mayor sha hecho en un año, la jodía —comentó el visitante—. En un año que mhe pasao nel talego.

—¿La conocías? —pregunté al fin—. Perdona, ¿nos conocemos?

—¿Si nos conocemos?  —me echó una ojeada casi ofendida—. Yo no sé si te conozco a ti, pero tú a mí me conoces de sobras. Me he leío tos tus libros en el maco, y coño si me conoces. Te pasas la vida escribiendo lo que hago. Que si doy un palo a un banco, que si me cargo a un colega a sirlazos, que si me entalegan… Como si me hubieras parido. Yo me lo curro y tú te ganas la vida con mis aventuras. —Miró a mi hija, que le acariciaba las mejillas rasposas—. Que si nos conocemos, me pregunta tu padre. Yo a vosotros, no, pero vosotros a mí, tela, anda que no me tenéis clisao ni na. Pero no te preocupes, muñequita, que ya nos conoceremos. Las cosas van a cambiar, de ahora en adelante.

Me sentí aplastado por una losa de culpabilidad. No era la primera vez que experimentaba aquella sensación agobiante. Más de una vez había pensado que me alimentaba y alimentaba a mi familia a base de miserias ajenas. Mientras hubiera chorizos sueltos por la calle, navaja en mano, agresores de ciudadanos desprevenidos, yo tendría material para mis novelas.

—¿Qué pretendes?  —pregunté, como si sólo quisiera informarme—. ¿Qué quieres de nosotros?

—Lo que se me debe. Sólo mi parte en los derechos de autor.

Hace de esto más de un año. Mi mujer dice que es un atraco a mano armada. Yo todavía soy incapaz de negarle a míster Hyde lo que me pide.

Niños que muerden a perros

Niños que muerden a los perros

En las escuelas de periodismo, decían que la noticia no era que un perro mordiera a un niño, sino que un niño mordiera a un perro. De ahí el título de mi libro de cuentos. Narraciones que he ido escribiendo a lo largo de los años, para revistas, periódicos o publicaciones extranjeras, que hablan de hechos insólitos que suceden cada día. Como niños devoradores de perros.

Oferta: Por cada e-book mío que compréis en el ciberespacio, tendréis un relato de este libro de regalo.

(Consultad http://andreumartin.com.) 

Ahí os dejo uno de muestra.

La vida es dura. La nueva novela de Andreu Martín sólo en ebook.

La novela indignada, de una época crispada, mientras se desmorona el estado del bienestar, y cada ciudadano descubre que ha sido víctima de la gran estafa.

Un grito: “Si no pagas lo que debes / te quemamos el Mercedes”. La indignación de las víctimas de la crisis, de los deshauciados que tienen que continuar pagando la hipoteca aun cuando viven bajo un puente, de quienes se han visto arruinados por aquellos que les prometían riqueza. Han aprendido que la vida es dura… pero alguno de ellos empieza a pensar que, puesto que ha de ser dura, justo es que lo sea para todos.

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andreumartin.com

De la serie “Digitalizarse”: Aviso a futuros escritores

Aviso a futuros escritores y amantes de la lectura (Para que sepan dónde se meten).

 

El primer video de la serie “digitalizarse” Yo, que creía que ya debería jubilarme, me encuentro embarcado, como Indiana Jones, en una nueva aventura, presionado por la crisis y el amor por mis libros pasados, presentes y futuros. En busca de nuevos mercados, con la vista fijada en los posibles lectores del otro lado del Atlántico, aquí quedan mis reflexiones maduras.


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